La historia se sitúa en el siglo VIII, época en la cual las ruedas eran impulsadas por caballos, la educación era un lujo, y las clases sociales se dividían en plebeyos, nobles y esclavos. La siembra, la pesca, la construcción entre otras cosas, dependían totalmente del hombre. Las personas en este tiempo se casaban con matrimonios arreglados para no perder su estatus social. Y otras personas como los plebeyos tenían la libertad de escoger. Tal como lo podía hacer Isabel ya que su clase social no pertenecía a la nobleza.
Ella era una joven y muy hermosa de 20 años de edad, piel tostada, cabello castaño oscuro y ondulado, grandes y hermosos ojos marrones. En el pueblo la llamaban la bella bailarina, porque le encantaba bailar, incluso bailaba sin música, ella desde pequeña tenía un sueño, un plan de vida que fue desarrollándose mientas crecía, en su cabeza solo tenía la idea de ser monja, ya que todos los domingos en la iglesia escuchaba que las monjas estaban comprometidas con Dios. Ella sentía que debía formar parte de esas privilegiadas mujeres las cuales le pertenecerían solamente a Dios, pero los padres de Isabel pensaban diferente.
Ellos querían que Isabel se casara, tuviera su familia y les diera nietos. Ella era hija única así que con mayor propósito intentaban convencerle. Aunque la razón principal de tanta insistencia al matrimonio, era por su mayor pretendiente. Juan Blanco.
5 años mayor que ella, cabellera negra como el ébano, profundos ojos color negro intenso, apuesto, galante y educado, Juan era de la Nobleza, su familia era la más popular y adinerada de ese lugar. Aunque 5 años atrás estuvieron al borde de la quiebra; pero gracias a Juan, a los estudios que recibió y su perspicacia, lograron recuperar su fortuna.
Juan desde que vio a Isabel, quedo perplejo, siempre diecia que su belleza lo inspiraba, todo el pueblo sabía lo que él sentía por ella, lo que quería más que a su propia vida, era el amor de Isabel.
No obstante, la familia de Juan no estaba de acuerdo con eso. Ellos le decían que al hacer esto iban a perder el linaje. Por supuesto esto a Juan lo traía sin cuidado, ya que a su corta edad su familia en gran parte dependía de sus decisiones. El sabia siempre que hacer, donde invertir y nunca parecía equivocarse. Lo único que no ha podido lograr, es enamorar a Isabel…
El estaba prendado de su belleza sin igual, mientras ella lo aceptaba tan solo como un amigo, Juan tenia que ingeniar la manera de conquistar su corazón. Debía ser un detalle inmenso algo único. Ya que había hecho mil y un intentos por agradarle más que como un simple amigo. Ya miles de veces le ha cortejado con flores, poemas, serenatas, paseos en botes, prendas, bombones y todo tipo de obsequios.
Ella disfrutaba mucho los bailes, el vals y aquellos elegantes trajes de gala le encantaban muchísimo. Y en un último intento, a Juan esta vez se le ocurrió algo inesperado, un detalle inmenso para ella, así que organizó una fiesta, pero no cualquier fiesta, una por todo lo alto; el mejor salón de baile, la mejor orquesta, el mejor decorado, todo debía ser perfecto…
La sociedad más importante de ese entonces fue invitada. El hizo todo esto con la complicidad de los padres de Isabel, ella no sabía absolutamente nada, ella sentía que estaba mal seguir aceptando presentes de Juan, así que ya no quería más obsequios de él.
Aun así, Juan le compro l vestido más hermoso y caro de la mejor diseñadora en aquellos tiempos. Y le pidió a sus padres que se lo dieran en su debido momento. El día de la fiesta se presento en su casa de improvisto, con una hermosa carrosa plateada impulsada por radiantes corceles blancos, una alfombra azul se desenvolvía a su paso hasta llegar a la puerta. Ella miraba todo el espectáculo desde su casa.
Juan estaba muy elegante y ella vestía ropa de diario, con un poco de vergüenza Isabel dijo “¿qué haces Juan?” Juan contesta con una sonrisa pícara “vine a invitarte a tu fiesta” y ella le dice un poco alterada “disculpa, ¿mi fiesta? “ Suspiró y luego dijo “la verdad todo lo que haces por mi es hermoso, pero no puede aceptarlo Juan ya basta” Juan insistió durante un rato y ella lo seguía rechazando. Pero él no se dio por vencido, así que le dijo a los padres de de Isabel que la convencieran de ir al baile, que el idearía la manera de llegar a ella.
Al final la convencieron, cuando ella vio el vestido quedo simplemente fascinada, no dudo ni un segundo en probárselo, lucia como un ángel celestial. El vestido descubría su espalda, pero sin llegar a ser revelador, su figura encajaba perfectamente como si fuese hecho a la medida. El color beige y detalles en nácar hacían la combinación perfecta entre juventud y elegancia.
Al llegar a la fiesta el lugar lucia fantástico, un castillo con grandes puertas y ventanas, el salón de baile iluminado con millones de velas que hacían la ilusión de ver las estrellas. Los pilares decorados con cintas doradas y brillantes, el techo muy alto pintado con obras maestras, se sentía como en un sueño.
El lugar estaba lleno, solo personas que reflejaban su clase social hasta en el modo en que respiraban, le daba mucha vergüenza entrar sola, pensó retirarse, y justo detrás de ella apareció Juan, le toco un hombro, ella volteo sorprendida, y él mirándola le dijo “estas bellísima” y ella respondiendo dice “y tu como siempre muy elegante” “me alegra que vinieras” asintió Juan, ella le responde “la verdad no sé si hice bien” la tomo de la mano y se dirigieron a la fiesta.
Al entrar al lugar todos los miraban, se podía oír el murmullo de los hombres diciendo “¿Quién es ella? ¿De dónde salió tan sublime belleza?” y las mujeres destilando envidia en sus miradas, ya que Juan era muy cotizado entre las hijas de las familias adineradas. Todos en la nobleza quieren arreglar una boda con él, pero el solo tiene ojos para Isabel.
Pasaron varias horas hasta que anunciaron el baile, las chicas se abalanzaron sobre Juan sin dejarle más opciones que complacerlas en una pieza de baile. Aun así Juan le pregunto a Isabel “¿no te importa quedarte sola por un rato? Sabes que si me lo pides no bailo con nadie más que tu” ella le responde “no seas tonto… ve diviértete.” El aun persistente dice “¿estás segura?” y ella le contesta sonriendo “si, solo ve y ya”
Ella observaba como todas las parejas danzaban, desde ese punto de vista, Juan se veía bastante apuesto, al ver como todas esas hermosísimas mujeres lo rodeaban, sintió un poco de celos al verlas bailando con él. De pronto de la nada alguien le susurro por detrás, ella volteo y esta persona le dijo “bienvenida” era un hombre misterioso, su ropa era un tanto diferente y no muy apropiada para la ocasión, sin embargo, no dejaba de ser elegante, además de eso, una máscara blanca ocultaba su rostro. Ella se preguntaba “¿quién es este sujeto?” Lo único que se podía contemplar detrás de la marcara eran unos intensos ojos oscuros.
El enmascarado tomo la mano de Isabel y sin preguntarle la llevo a la pista de baile, ella se sentía extraña pero al estar aburrida le siguió y se situaron en medio de la pista.
Empezaron a bailar, ella en medio del baile con este enmascarado, comenzó a buscar a Juan con su mirada, Juan estaba bailando con una bella damisela pero no dejaba de mirar a Isabel. Ella se sintió mal por él, ya que este desconocido tomo su lugar en tan sólo unos pocos minutos.
En la danza hay momentos en que cambian de parejas, y en esos momentos Juan se apresuro a cambiar de pareja con este sujeto para quedar con Isabel. Juan la observaba fijamente a los ojos, se notaba un poco enojado, tenía una mirada agresiva. Ella apenada bajaba su rostro en señal de vergüenza, Llegó el momento del cambio de parejas nuevamente, Isabel quedo con un señor mayor, de bigotes un poco exagerados, él le empezó a decir palabras de cortejo, ella simplemente lo ignoraba. Juan se había perdido de su vista, y el enmascarado también.
Como se sentía incomoda le dijo al señor de bigotes “disculpe, no me siento muy bien “ Se dirigió a su mesa, sentó por un rato, esperando que Juan llegase para aclarar las cosas, pasaron varios minutos y nada que aparece, pensó irse nuevamente, se levanto muy decidida a abandonar el lugar, se dirigía a la salida cuando de pronto sintió como alguien la tomo por el antebrazo y la detuvo, ella volteo y con voz mandona dijo “Juan, me dejaste sola” mayor fue su sorpresa cuando volteo y se dio cuenta que no era Juan, sino el hombre de la misteriosa mascara blanca, el sin decir palabra alguna volvió llevarla a la pista de baile.
Bailaron, se destacaban del resto, hubo un momento que parecía no haber nadie más en ese lugar, sus miradas se fijaron. Ella sitio cierta sensación de miedo, puesto a que no sabe quién es este sujeto, a su vez fascinación por la belleza que inspiraba este personaje sin rostro. A pesar de que se trataba de un desconocido sus ojos le reflejaban que podía confiar en él.
Había algo que no podía describir en el, poco a poco este ser le empezaba a fascinar. Tan callado, simplemente le transmitía sus sentidos atreves de la mirada. Sentía un bienestar, algo la estremecía de este hombre, el roce de sus manos hacia ella la dejaba perpleja, quería saber quién era ese personaje.
Así que después de bailar por horas, ella se dirigió a un hermoso balcón y con la mirada le dijo que la acompañara. El la se acerco, sus pasos, su postura, era muy decidido este hombre. Ella le dijo “dime quien eres” el solo la miraba. Ella pregunto “¿qué hago para saber quién eres realmente?” “¿dime que tengo que hacer para saberlo...?” Ella se acerco a él e intento quitarle la máscara, pero y el no se lo permitió.
Luego este misterioso caballero, con delicadeza, tomo la mano de Isabel y la invito a caminar. Ella decía “¿a dónde me llevas? ¿Quién eres y por qué no dices nada?” El solo la miraba y sonreía, o por lo menos en sus ojos eso era lo que se transmitía, mientras dirigía sus pasos hacia un lugar desconocido. Ella no sabía lo que estaba pasando pero se dejo llevar.
Hasta que una luz al final del pasillo dio termino a la jornada. El lugar era un tanto abstracto, el techo era de cristal en el cual podían observarse las estrellas, a su alrededor paredes muy altas con ventanas y cortinas blancas, el suelo estaba cubierto de rosas blancas, pétalos rojos dirigían el camino uno tras otro hasta llegar a la hermosa cama, la cual tenía cortinas blancas de seda, parecía un pedacito de cielo…
El señaló con una mano, como diciendo “pasa, esto es todo tuyo”, sin mencionar palabra alguna ella lo miró, y él con un una venda de seda le tapo los ojos para que no le viese el rostro, cuando lo hizo retiro su máscara, sus ojos se iluminaban al verla. El instante era único, la envolvió hacia él y sin musitar palabra acerco su rostro hacia ella.
Tomó la mano derecha de Isabel y la coloco en su cara para que sintiera la forma de su rostro, de esta manera Isabel podría darse una idea de cómo era este sujeto. Luego bajo la mano hasta su pecho para que ella pudiera sentir su corazón palpitando con tanta intensidad, la abrazó y le dijo al oído susurrando.... “te amo”
El deseo de Isabel de toda su vida era ser monja, se encontraba en una batalla entre la pasión y la razón, este desconocido decía que la amaba, se preguntaba dentro de sí misma “¿me ama? No sé quien podría ser ¿Cómo puede amarme?” Ella solo podía sentir, oler y escuchar, cosa que agudizó más aun sus sentidos, este personaje misterioso acerco su nariz suavemente y empezó a recorrer el rostro de Isabel, el tacto era maravilloso, sus labios se posicionaron el uno frente al otro, la beso muy dulcemente. Un beso bastante corto, luego de besarla se colocó detrás de ella, ella se intento quitar la tela que cegaba sus ojos, pero él no la dejó, la abrazo por detrás y le dijo “tan solo déjate llevar"
La volvió a besar, esta vez fue más intenso el beso, comenzó el hermoso sentimiento de lo que realmente significa un beso, el sentía que en cada segundo de ese beso iba entregando parte de su alma.
Poco a poco quito su vestido, las telas bajaban rosando su piel, se deslizaban hasta llegar al suelo, al estar en presencia del cuerpo desnudo de la mujer, se sintió dichoso, estaba maravillado. En realidad a amaba. Su hermosa piel tostada, su sedoso cabello, las curvas que silueteaban su figura, era como una escultura perfecta que transmitía belleza en todos los sentidos.
Ella solo se quedo ahí parada sin saber cómo reaccionar, tenía muchas ganas de quitarse la venda, pero no lo hizo, estaba de cierta manera feliz pero muy intrigada, ella dijo “dime quien....” el coloco el dedo índice en sus labios silenciando su pregunta y dijo.
“no importa… no importa quién soy… no importa de dónde vengo…no importa absolutamente nada…. en este momento lo único importante...... eres tú” y volvió a besarla.
Ella tan solo se dejaba lleva por sus besos, los besos que sabía que nunca volvería a tener con alguien, ella intentó en la oscuridad de sus ojos tratar de quitar las ropas de este misterioso caballero, solo quería sentirse amada por este mágico ser que la estremecía desde la punta de su cabello hasta la punta de sus pies.
El tomó su mano la condujo hacia la cama, la recostó sutilmente y comenzó a besar su rostro, su cuello, sus pechos, ella sintió que el cual pintor en lienzo, recorría su cuerpo con sus labios, el percibía el aroma de su perfume dulce como la miel. Eso avivó más aun la sensación de placer que cada vez se iba intensificando, tomo una rosa muy especial que guardaba en una gaveta a un costado de la cama, esta rosa era de color azul, volvió a colocarse la marcara blanca y descubrió el rostro de la Isabel.
Ella rápidamente intento verlo, pero se percato de su máscara, bajo la mirada un poco más para apreciar el cuerpo muy bien formado que tenía este sujeto, era bastante atlético, podían verse sus abdominales sobresalir y sus brazos musculosos, Isabel notó que este fascinante enmascarado escondía una mano detrás de su espalda y un poco intrigada le pregunta “¿qué escondes ahí?”.
Él le dijo “cierra los ojos” ella dejándose llevar lo hizo, le dijo “ahora ábrelos” al abrir los ojos le mostró la rosa azul, ella sonreía, pues era muy linda. Suavemente coloco la rosa en su rosto y comenzó a acariciarla con sus suaves pétalos, ella tenía muchos sentimientos mesclados:
el placer, la pasión, la lujuria, la intriga y la vergüenza por ser la primera vez que alguien la miraba.
Pero no podía dejar de sentir agrado por todo lo que le estaba ocurriendo en ese momento, la rosa azul se paseaba de un lado al otro acariciando cada detalle, cada centímetro de su cuerpo, la piel de esta chica se erizaba cada vez más, con el rose de aquella flor se estremecía, se sentía tan amada.
De pronto él le dio la rosa azul a ella, no sabía si hacer lo mismo con él, pues no sabía si sentiría lo mismo que ella. Con la misma flor acaricio un poco su cuerpo, hasta llegar a donde estaba la máscara caricito sus orejas, su cuello, su pecho, lo tomo en un fuerte abrazo y le dijo:
“hazme sentir…hazme volar…quiero arte ahora…dale felicidad a mi alma y fuego a mi corazón”
El se abalanzo sobre ella, cada vez era más intensos sus cuerpos se calentaban, sus sentidos se agudizaban cada segundo que pasaba, suavemente con sus dedos el acariciaba su lugar más intimo, ella nunca había sentido nada semejante; estaba llena de gozo.
Isabel lo abrazo fuertemente y sus cuerpos empezaron a convertirse en un solo ser, el sudor empezó a brotar de sus pieles, sus feromonas se activaron de tal manera que el aroma de cada uno impregnaba el ambiente, un aroma que reflejaba la dulzura y el amor, que en ese lugar del universo significaba todo.
Isabel con un vos acalambrada por el gozo dijo “quiero ver tu rostro” el dijo “¿estás segura lo que me pides? ¿En realidad quieres verme?” Isabel contesta “no importa nada, por favor déjame saber quién eres en realidad” el afirma “ya te o dije, no soy nadie…” ella responde “déjame saber al menos en este momento quien es el ser que me brinda tanta felicidad” el responde “yo nunca he sido nadie” Isabel dice “lo eres todo para mi” el enmascarado contesta “solo ahora que no sabes quién soy es que soy alguien para ti” mientras se quitaba la máscara desnucando su rostro, la miro fijamente a los ojos esperando su reacción.
Ella sorprendida lo miro y dijo “¿Juan…? ¿Pero cómo puede ser posible? Si en el baile yo te vi” Juan sonríe y contesta “todo esto fue parte de un plan, el primer enmascarado no era yo tu primer baile fue con un actor al cual le pague para que hiciera eso…. por eso pudiste vernos a los dos al mismo tiempo bailando en el mismo salón, al intercambiar parejas de baile me mostré enojado para dar realismo a la situación, luego cuando quedaste sola cambie de ropa con él y me coloque la máscara. Por eso no pudiste verme mas, siempre estuve a tu lado, Isabel te amo intensamente, ¿Por qué no lo puedes entender?”
Ella lo miro con asombro. Pero en el fondo comprendió que un hombre así no haría nada igual por cualquier otra mujer, así que sin más, que decir lo beso.......
Fue como si estuvieran dándose el primer beso, en cierta forma lo era, pues aquella mascara los aislaba de la realidad, por fin pudo darle un beso. Eso lo lleno de mucha satisfacción y felicidad, esa noche fue mágica, sus cuerpos se movían en un solo vaivén, mientas todos festejaban con lujos copas y orquesta, ellos se encontraban aislados del mundo iluminados por las estrellas y la luz de la luna.
Durante toda la noche se amaron hasta ms no poder, el sol salió y al despertar ella no estaba a su lado, Juan muy preocupado el busco por todo el lugar y ella no estaba, se vistió y lo más pronto posible fue hasta la casa de Isabel.
Miró por la ventana, ella estaba ahí derramando lágrimas, sus padres la consolaban, Juan no interrumpió, se quedo escuchando la conversación desde la ventanilla. Isabel no paraba de llorar, se sentía muy mal, su sueño de ser solo para Dios había sido truncado.
Se dejo llevar por las emociones, los padres la dijeron que no estaba mal lo q había hecho, que el amor es así, pero ella no o concebía, derramando lagrimas decía “el me engaño.”
Juan al ver esta escena se sintió muy mal, y se fue a su casa con pasos arrastrados, sus ojos derramaban lágrimas, se sentía culpable…
Pasaron las semanas y ella no supo nada de él, ella se dirigió a su casa y la familia le dijo que el se fue a recorrer el mundo en una embarcación. Ella no lo podía creer y salió corriendo a aquel lugar mágico donde se entregaron el uno al otro, los pétalos se habían secado, la rosa azul marchita por completo.
Sobre la cama había una nota. En ella decía las siguientes palabras:
“Este es el lugar donde me sentí más feliz en mi vida, tenerte a mi lado fue la mejor experiencia de del mundo, nunca dejare de amarte. El día que no amaneciste conmigo fui a tu casa y te vi llorar. En ese momento entendí que tu verdadero amor era estar con Dios.
Yo solo irrumpí tu deseo, fui un egoísta te quería solo para mí. Estoy seguro de que Dios te perdonará, sigue tu sueño yo nunca dejare e amarte.... atentamente Juan”
Ella con lágrimas en su rostro cayó de rodillas, las lágrimas al caer hacían correr la tinta de la carta. Muy tarde se dio cuenta que lo amaba.
Pasaron los días, meses, y años. Juan no volvía. Se dedico a ser monja tal y como lo deseaba en un principio, pues nadie más supo lo que pasó ese día, solo Dios y nunca más supo de él....
Fin.

